Todas,
en algún momento en nuestras vidas hemos estado ante una nueva forma
de vernos, hemos dejado de ser niñas para convertirnos en mujer. Y
en esos momentos nuestro mundo se ha convertido en dispersión,
enajenación, desorientación, un sinfín de sensaciones que han
hecho tambalear nuestras más seguras fortalezas.
Hemos
querido estar guapas, bellas, gustar; para ser queridas, para ser
amadas, para disfrutar de estar vivas y poder amar y ser felices.
Pero, inmersas en este caos, hemos perdido el contacto con nuestra
sabiduría interior, con nuestra vitalidad, con nuestra verdadera y
particular manera de ser. Nuestra atención se ha visto inclinada
hacia una conducta antinatural, adaptándonos a las reglas y formas
de una sociedad que fabrica "clones", impidiendo que surja
la creatividad individual.
Estar
bellas es ser bellas y ser bella es ser nosotras mismas, es mostrar
nuestra luz, nuestra energía vital y para ello necesitamos
estar sanas, tener salud; vivir de acuerdo a las
necesidades biológicas," vivir verdaderamente".
La salud
es belleza, es sentirse bien emocional y físicamente, por eso
invertir en nosotras mismas, en nuestras necesidades, es el
mejor de todos los tratamientos de belleza.
"Es
bella una sonrisa,
un
susurro, una canción.
Es
bella una mirada,
una
caricia, una intención.
La
belleza es un sentimiento
con
el que asombra, la perfección".